Mi casa

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© Héctor Garrido

sábado, 18 de junio de 2016

VIVIAN MAIER

Nació bajo el signo de acuario el 1 de febrero 1926, en NYC. Sus padres, emigrantes judíos  en busca del American Dream. Ella francesa. Él austriaco. El padre los abandonó cuando Vivian era una niña. 
Dedicó toda su vida a la soledad y a cuidar niños por salarios mínimos. Tenía un hobby obsesivo: tomar fotos y películas en Super 8. Y creo que sufrió de una eterna neurosis de tristeza infinita. Volcaba todo su amor en los niños que cuidaba. Intentaba entender algo. Dejó algunas grabaciones en las que habla sobre la vida y la muerte y que todo es como una rueda que gira incesantemente y hay que dejar paso a los que vienen detrás.
Murió en Chicago el 21 de abril 2009, en la indigencia, hurgando en los cubos de basura, según la recuerdan los vecinos. Algunos niños que cuidó, le pagaban el alquiler de un pequeño piso. Tenía 83 años cuando resbaló en el hielo. Se partió algunos huesos y poco después falleció. Su historia puede parecer triste y extraña. Y sí lo es. Pero al mismo tiempo es una historia típica de cualquier gran ciudad. Las grandes ciudades generan  soledad y desamparo, como todos sabemos.
La segunda parte de esta historia comenzó en  2007 cuando John Maloof, un joven aficionado a la historia, compró un archivo de negativos fotográficos en un mercadillo de Chicago. Pagó apenas 380 dólares. Lo revisó y vio que no era lo que necesitaba para cierto libro que proyectaba sobre la historia de Chicago. Lo puso a un lado y lo abrió nuevamente en 2009.Tenía más de 120 mil negativos y una buena cantidad de películas en Super 8 y de grabaciones de sonido. Imprimió algunas fotos y las vendió en internet. Un crítico reconocido lo alertó y entonces el joven Maloof inició un trabajo más profesional de impresión, digitalización, selección y cuidado del archivo así como de indagación sobre la extraordinaria fotógrafa newyorkina. Además, lo que no podía faltar, ha sido llevado a tribunales por el condado de Cook, Illinois, que reclama los derechos de copyright al morir Maier sin herederos.
Mientras tanto, desde 2010 se han hecho exposiciones en muchas ciudades y se han publicado libros con fotos maravillosas tomadas por esta mujer. Siempre fotos en la calle. Todo tipo de personas, desde indigentes hasta gente de clase alta, niños, policías. Todos están aquí. La comedia humana.
Ahora la Fundación Canal de Isabel II, en Madrid, expone 120 fotos y 9 películas Super 8. Acabo de verlas. Por supuesto, recordé a los grandes fotógrafos americanos a los que admiro: Diane Arbus, Weegee, Helen Levitt, etc.
Vivian Maier: una novela de soledad. Una mujer silenciosa, impávida ante el mundo, que alguna vez dijo: "Soy una especie de espía".  Hay que ver sus fotos y  agradecer su capacidad para convertir su neurosis y desamparo en una infinita interrogación filosófica y visual.

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